Ojos que no ven...

Tanto tiempo sin postear. Quizás se debe a que me llevó varios días transcribir esta carta, que contenía un texto de letras pequeñas, en miniatura, casi imperceptibles a mi vista. La carta de los ojos a los lentes:

Queridos lentes:

Cuando los conocimos, no nos caían bien, nos parecían unos pesados, y nos molestaba cargar con ustedes, pero, ahora que ya hace mucho que convivimos juntos, debemos decir que vemos las cosas de otra manera.
Creíamos que su intención era estar siempre por delante de nosotros, pero nos demostraron que son muy frágiles y no nos ocultan nada, siempre se caracterizaron por su transparencia. Gracias a ustedes practicamos el arte de leer, nos protegemos del sol y podemos disfrutar del cine 3D.
A través de esta carta, queríamos hacerles saber cuál es nuestro punto de vista y agradecerles. Los necesitamos, pero no queremos que con estas palabras se agranden, ustedes siempre están magnificando las cosas, sepan que no vinimos a pedirles un aumento, y que ya estamos buscando algún contacto, que nos permita liberarnos de ustedes.

Atte.
Los ojos

Cartas en el asunto

Este ya parece un blog abandonado. Y no es que falten cartas por publicar pero, quizás esté escaseando la imaginación del autor, que tiene que lidiar con su doble-vida (la real y la virtual).
Por suerte, existen personas como Esteban Dublín que, desinteresadamente, nos regala la carta que aquí publico:

Señor escritor:

Hablaré sin rodeos: déjese de letras malintencionadas. Estoy cansado de su manipulación. No soporto más que siga hablando como habla de mí. Que nos hayamos encontrado en el camino y yo le haya contado mi historia no le da derecho a reinterpretar los hechos ni, mucho menos, a cambiarla a su antojo. Es usted un mentiroso de lo más ruin que he conocido. Mi reputación está por el piso. ¿Infidelidad, asesinatos, drama? ¿De dónde saca tanta falacia? Le pido, encarecidamente, que no me vuelva a dirigir la palabra jamás. A la larga, usted siempre lo inventa todo. ¡Lo odio!

El cuento.

¿Qué tenés en la cabeza?

Me desperté, y me dirigí al baño. Me miré al espejo y me arrepentí de haber ido a dormir con la cabeza mojada. Quise emprolijarme y noté que el peine no estaba en su lugar habitual . Él estaba escribiendo una carta. La carta que publico a continuación:

Estimado Pelo:

Yo te visito todos los días ¡TODOS LOS DíAS! A la mañana, tempranito, paso por tu quincho de doble entrada, y trato de descubrir qué es lo que anda dando vueltas por tu cabeza.
Te conozco de toda la vida, te he visto crecer, y te he visto caer. Y noté que, en ocasiones, sos un cortado.
A veces estás más suave conmigo, y es más fácil manejarte. Pero hay días en que te ponés caprichoso. Yo no sé si tendrá algo que ver la humedad. No te entiendo, te hacés el rebelde y termino enredándome en todos tus problemas.

Nuestra amistad no va a separarnos. No te voy a dejar solo. Sé que me necesitás. Sé que si no me tuvieras a mi, te levantarías solito y saldrías mal orientado hacia cualquier dirección.

Estoy viejo, ya se me cayeron casi todos los dientes, pero todavía puedo... Vos, que creés en la reencarnación, dame una oportunidad. No me cambies por otro, todavía puedo trabajar para vos.

El peine.

Dije D, de dedo

En otra ocasión, hemos leído la historia que nos relató la letra C. Al parecer no es la única que sabe escribir. Aquí tenemos la historia que me envió la D:

Diez de Diciembre:
David dormía donde, dos días después, Daniela danzaría desnuda. Despertó decaído, débil, demacrado. Dedujo decenas de delirios desopilantes, definitivamente, debía durcharse. Decidió desayunar. Degustó deliciosos duraznos.
David, dolido, dispuso deshacerse deprisa de Daniela.
Daniela, desalentada, dejó de dudar del desamor.
-¡Desaprensivo!- dijo Daniela -¡dejaste de desearme! ¡desacatado, deforme degenerado! ¡desalmado del demonio! -
David, dejó de depender de Daniela. Directamente dejaron de dialogar.


Doce de Diciembre:
David, desorientado, decidió diculparse.
Daniela demostró desenfado.
Dejaron de distanciarlos diversas diferencias, diminutos defectos.



Durante diecinueve días de diciembre, dos divinos disponían de desenfrenada diversión.
D.

Cuarto de baño

Un lugar limpio, brillante, saludable... un lugar para lavarse y sentirse fresco, puede, según el caso, mirarse desde una perspectiva totalmente diferente. Tal es el caso del papel higiénico. y su destinatario, el inodoro.

Querido inodoro:

Yo no sé cómo hacés vos para aguantar este trabajo de mierda ¡Nos están usando! No entiendo cómo tolerás que se sienten así a leer una revista mientras vos hacés el trabajo sucio. Mientras tanto a mi me dan vuelta como quieren ¡me están consumiendo!
Las condiciones de trabajo son lamentables, verdaderamente un asco, el olor y la humedad que hay acá, insoportables.

Al menos a vos te dan agua mientras te torturan. A mi directamente me ahogan, escuché por ahí que van a tirarme por la cascada después de cortarme en pedacitos... estoy asustado ¡asesinos! ¡humanos tenían que ser!
Después de tratarnos de esa manera, se lavan las manos, como si nada hubiera pasado.

Te mando esta carta porque vos sos esa clase de tipos con los que dan ganas de sentarse a reflexionar. Gracias.

El papel higiénico.

Música para mis oídos

Las grandes creaciones (como el mate, la Coca Cola, y el abrelatas) deberían tener la oportunidad de agradecerles la existencia a sus creadores. Este es el caso de la Música, que decidió escribirle una carta a su compositor:

Querido compositor:

Escuchame, y escuchame bien! Antes que nada, gracias. Gracias por darme la vida, llevarme con vos y presentarme a los demás. Gracias porque cada vez que me sentía mal, cada vez que yo perdía mi armonía, vos me oías, me prestabas atención, y lograbas recomponerme.


Estuve revisando mis notas, tengo DO cosas para decirte: Estoy RE contenta con MI concierto ¡FAAA, cuánto público llevamos! El SOL brillaba. LA gente aplaudía. SI, fue perfecto.
Y, además debo agradecerte sobre todo, por respetar mis tiempos ¡Nos comunicamos muy bien!

Quisiera saber:
¿Te gustaría bailar conmigo?

La música.

Dame dame fuego

Cuando yo era chico (era apenas un carterito), mi padre siempre me decía que no juegue con el fuego. Hace poco tiempo tuve un encuentro con él (con el fuego), y opté por desobedecer a mi padre... y jugar.
Decidí postearle una de sus cartas. Aquí le manifiesta su amor a la electricidad que, como todos sabemos, tiene ese poder de magnetismo que a más de uno ha dejado pegado.
Con ustedes, la carta del fuego a la electricidad:

Querida electricidad:

Escribo para confesarte que me gustás. Me gustás porque sos común y corriente, y porque transmitís esa energía tuya tan característica. Te conocí y ¡rayos y centellas! me encendiste la llama del amor, estoy ardiente de deseo.
Disculpame la expresión, pero, estoy re calien...

[nota: Un fragmento de este texto fue extraviado y no conocemos cómo concluye el párrafo. Al parecer, el remitente se exitó demasiado y parte de la carta se incendió. A continuación, transcribo las líneas que se han logrado rescatar]
...quizás, a todos pueda parecerles inconveniente nuestra cercanía, quizás para algunos sea incluso peligrosa. Pero yo estoy convencido de que lo nuestro no es sólo algo físico, sino que además, nosotros también sentimos cierta química.
Necesito atraparte, envolverte, quiero que nos rocemos y me ilumines, que nos saquemos chispas, que nos propaguemos pero no nos apaguemos, destellemos y estallemos llenos de pasión.

Vos hacé lo que dijo Sergio Denis: "Dame luz", así entonces yo voy a hacer lo que dijo Sandro, y te doy. .. El fuego.

Con C de casa

Me pidió que publique una de sus cartas. Me dijo, literalmente "Che Cartero, contá conmigo, conozco cuentos copados". Le hice caso, a ella, a la letra C, que con tanto entusiasmo ansiaba publicar uno de sus relatos para mis lectores:

Compañeros, colegas:

Con cartas comenzaré contándoles ciertas cosas:

Carlos cruzaba calles con cuidado. Caminaba contento, cantando canciones (cantaba cualquier cosa... como Cristian Castro). Circulaban ciudadanos clamando: "¡cornudo, callate!", Carlos contestaba: ¡Carajo, cálmense cretinos!
Cuando conseguía calmarlos, contemplaba cómo curas católicos, con crucifijos colgados, conducían camionetas carísimas. "Cristianos canallas", concluía Carlos, cabizbajo.
Casi casualmente coincidió con Camila.

Camila: Clásica, común, chistosa, cachetes colorados, cabello castaño cepillado, cartera color coco, camisa con cuellito celeste, calzado cómodo. Con calor, correteaba como cualquier chica.
Casi casualmente coincidió con Carlos.

Cuando Camila cursaba carreras contables, Carlos curraba como comerciante.
Cual caballero, consideró conquistarla.
Carlos compartía cosas copadas con Camila. Comían caramelos confitados, consumían Coca Cola, comentaban comedias cinematográficas.
Cuando Carlos cobró, compró collares. Completamente carismático, consiguió chamuyarla. Cada cual coqueteaba, conteniendo caricias.
Carlos celebraba chistes con Camila, contándole cuentos, citando Cortázar (como corresponde), casi confundido como cualquiera.

Cenaron. Camila cocinó canelones caseros, comieron como caballos, conversaron con confianza. Chaparon. Concertaron citas. Como consecuencia, Camila concibió cuatro críos... Consideraron casarse.
Carlos, Camila... Caso curioso.


Cuento concluído.

Con cariño.
C.

¿La vida es una moneda?

En reiteradas ocasiones, las cartas que reparto vienen con dinero adjuntado para ser entregado a sus destinatarios. En este caso particular, llegó a mis manos un texto, propiamente escrito por el billete que lo acompañaba:

Señores Usuarios:

¡Esto no puede ser cierto! ¿¡A mi me están gastando, no!? ¡ME ESTÁN GASTANDO!
No entiendo cómo puede ser que alguien tan despreciable como yo sea tan codiciado.
Al principio me creía importante, útil, y hasta necesario, pero ahora me parece que me están usando.

Pero esto no va a quedar así, porque yo tengo el valor, señores... tengo valor para hacerles frente, porque ya estoy cansado de sentir que me manosean, que me llevan y traen (algunos hasta me lavan), que me aprietan, me tiran, arrugan ¡incluso tuve que soportar que me peguen! (sí sí sí, me pegaron con cinta scotch).

Cuando yo les falte, van a aprender a valorarme, y cuando realmente me necesiten ahí estaré, pero no se fíen de mi, que cuando me lo proponga, puedo ser muy falso.

El billete.

No toca botón

Me siento a leer cartas ajenas. Medito un largo rato la posibilidad de postear una historia que no es mía. Me pongo cómodo y me desabrocho un botón de la camisa. Leo con atención.
El autor me da el permiso de usar a mi antojo su texto, de modificarlo y publicarlo. Decido compartirla ahora: La carta de un botón a otro.

A mi colega, el botón Reset:

No me conocés, quizás porque nos movemos en ámbitos muy diferentes. también soy un botón (aunque no me gusta ventilar intimidades ajenas). Soy el Power del control remoto. Me enteré de tu situación, sé que después de que vinieron a apretarte, lo perdiste todo, y tenés que volver a empezar, a reiniciar desde cero.

Particularmente, hoy en día, yo sufro de elevadas pulsaciones y me pongo colorado al decir esto: Me hago los ratones con el botón izquierdo del mouse. Tengo algunos botoncitos conocidos para presentarte si querés, por ejemplo mi vecino (el botón Mute), no te va a traer problemas porque es calladito. Si te interesa te espero en el hotel Borbotón de Villa Ojales, dejá tus datos en la recepción y el botones se encargará de trasladar tu equipaje. Esto es sin compromiso, no te sientas presionado.

Power.